De "Los niños de Ana" 2024.
Existe
el viejo mito de que ser inteligente consiste en saber más, calcular
rápido o comprender sin dificultad conceptos complejos. Pero nada más lejos de
la realidad. Sí todo eso está muy bien, pero no es lo único que determina tu
inteligencia (aunque te lo hayan hecho creer).
Hay
otros aspectos que son igual de importantes que también determinan tu
inteligencia como el modo en que te relacionas y gestionas tus
emociones, tu capacidad de anticiparte a un conflicto o cómo entiendes tu
cuerpo.
La
doctora y autora Lissa Rankin entiende muy bien esto y así lo recoge en su
libro Mind Body Green. En él explica que hay 4 tipos de
inteligencia que son clave para que seas una persona con éxito en todos
los aspectos de tu vida.
1.
Inteligencia mental
Esta
es la más conocida popularmente. Se refiere a la capacidad de razonar, aprender
y resolver problemas, tener un pensamiento crítico y la curiosidad para estar
informado, conocer más y cuestionarse las realidades.
Esta
capacidad se desarrolla a medida que se aprende a través de la formación
académica, la lectura, charlas o buscando cualquier tipo de información
para adquirir más conocimientos. Se trata de fomentar el aprendizaje, dado
que, mientras más te formes, menos esfuerzo le costará a tu cerebro.
2.
Inteligencia intuitiva
Se
refiere a una combinación entre razón y capacidad de análisis que te
lleva a poder tomar buenas decisiones pese a no tener toda la información
posible sabiendo cuál será el resultado. No es ni mucho menos magia: se basa en
los conocimientos y experiencia.
El
sociólogo Malcolm Gladwell llama a estos procesos blink (parpadeo)
y habla de ellos como momentos en que, gracias a nuestra intuición, llegamos a
rápidas conclusiones, mediante experiencias anteriores y a las emociones
asociadas.
Para
mejorarla es importante estar activo en la escucha y observación. Pon atención
a tus sensaciones e indagan de dónde vienen. Normalmente, están asociadas a la
personalidad e información almacenada.
3.
Inteligencia emocional
Este
concepto es de los más conocidos y es un aspecto vital porque, aunque tengas
otros rasgos, si no sabes gestionar la parte emocional, no te servirán para tu
beneficio propio. La inteligencia emocional es la habilidad de
identificar y manejar tanto tus emociones como las del resto.
No
podemos negar que las emociones juegan un papel muy importante en el día a día
contigo y con el resto. Esta inteligencia se trabaja a través
del autoconocimiento, un camino largo, pero efectivo. Puedes
practicar meditación, ir a terapia psicológica o trabajar aspectos como la
empatía y la escucha activa.
4.
Inteligencia somática
Es la
inteligencia que está conectada con el plano físico. Básicamente, trata la
habilidad de entender a tu cuerpo -no siempre es fácil- y cómo lo que
te ocurre y los hábitos que tienes le afectan. La razón es que el cuerpo es
sabio, pero muchas veces falta escucharlo, saber entenderlo y conectar con
uno mismo.
Dominar
este rasgo es vital para el bienestar, ya que lo que te pasa o te preocupa
aparece antes en el estómago, los músculos o la piel que en tu
cabeza. Para trabajar la inteligencia somática debes estar muy atento a tus
sensaciones corporales. Disciplinas como el yoga trabajan esta conexión y te
ayudan a estar en el momento presente, al igual que la meditación.