33 MORAL
CRISTIANA
La Moral es la ciencia
teológica, o parte de la
Teología, que estudia la bondad o malicia de los actos y
actitudes humanos a la luz de la fe. Se diferencia de la Etica, que es una rama de la Filosofía, la cual
estudia el mismo objeto desde la perspectiva de la razón.
Estudiar los actos humanos es no sólo analizar las
acciones externas, sino explorar también las intenciones y las actitudes que
los originan. Es descubrir la libertad con la que actúa la voluntad de la que
proceden. Es explorar las circunstancias que los rodean. Es examinar la
conciencia que los consiente o promociona. Es comparar su contenido con las
normas o leyes divinas y humanas a las que se ajustan o de las que se separan.
1.
Evangelio y moral cristiana
La Teología
moral se formula a sí misma el interrogante de su razón de ser como ciencia o
rama teológica. Hay, o puede haber, una Teología, o Teodicea, natural o
Filosofía religiosa. Y existe una rama de la Filosofía, la Etica, que estudia la conducta
humana a la luz de la razón. Puede parecer superfluo hablar, además, de una
Moral como ciencia, visión o planteamiento diferentes.
La respuesta a ese interrogante varía
notablemente según la actitud filosófica y religiosa desde la que se adoptan
los criterios en que se funda. Mientras unos miran la Moral como superflua, otros
la juzgan imprescindible.
En la
Catequesis y en la Pedagogía religiosa se deben asumir posturas de
aprecio. No cabe duda de que, a la luz de la fe, es preciso recordar que Dios
ha elevado al hombre a un fin sobrenatural y su conducta no puede ya juzgarse sólo
desde perspectivas naturales. Se requiere explorar lo que Dios ha querido y
revelado a los hombres, seres inteligentes, pero también sobrenaturales; y lo
que, desde esa revelación, implica su comportamiento.
No quiere ello decir que los aspectos racionales de la Etica no sean buenos y
necesarios. Pero no son suficientes para quien tiene la inteligencia y la
voluntad iluminadas y movidas por la gracia divina a la que no llegan las
explicaciones de la razón.
En esta perspectiva de fe es donde hay que situar la
visión del Catequista, cuya misión es educar la conciencia desde la revelación
y enseñar a valorar la conducta humana a la luz de la fe.
Además, es preciso enseñar al creyente a vivir por encima
de la razón, pues tal es el alcance del evangelio y de muchos de sus
postulados.
La base de la moral cristiana es la revelación llevada a la plenitud por
Jesucristo, Dios encarnado. Es su palabra y su persona las que hacen entender
la moral. El mismo se proclama "Camino,
Verdad y Vida" (Jn. 14. 6) y en sus enseñanzas se apoya la
conducta del seguidor del Evangelio.
En consecuencia, sólo desde la fe y desde la imitación de Cristo,
y la atención a sus consignas, se puede definir y entender la moral cristiana.
Revelación del Padre
Las actitudes, las preferencias y los sistemas morales son muchos. Todos coinciden
en la preocupación por diferenciar el bien del mal y en el deseo de marcar a
los hombres el camino mejor para conseguir la rectitud en el obrar. Pero
los criterios y las preferencias son diferentes y, a veces, opuestos del todo,
sin que sea fácil discernir cuáles son los mejores.
La moral cristiana no se reduce a ser uno más de los sistemas
morales existentes. Se presenta ante todo como el estilo de vida que se apoya
en la Palabra
de Dios: en la que comunicó a los hombres en el Sinaí (Antiguo Testamento); y
en la que llegó a la plenitud con la predicación terrena de Jesús (Nueva
Alianza).
La moral cristiana no es sólo un conjunto de normas. Más bien es
el modo de vivir en conformidad con las enseñanzas de Jesús, el Hijo de Dios.
La conciencia es la fuerza motriz de la moral. Y la conciencia, iluminada por
la fe, por la Palabra
de Dios, es el alma de la moral cristiana.
Esta moral no se detiene en el Antiguo Testamento, pero tampoco lo
ignora. El mismo Jesús proclamó que no había venido a destruir la Ley de Moisés: "No penséis que he venido a destruir la Ley de Moisés y las enseñanzas
de los Profetas. No he venido a destruirlas, sino a darlas su verdadero
significado. Antes pasará el cielo y la tierra que deje de cumplirse una jota o
acento de ellas." (Mt. 5. 17-18)
La voz que tenemos en nuestro interior nos dice lo que es bueno y
lo que es malo. Pero cuando se ilumina por las enseñanzas de Jesús, se vuelve
más exigente y desconcertantemente benévola: manda perdonar a los enemigos,
ofrecer la otra mejilla, hacer bien a los que se portan mal. La conciencia
cristiana debe ser educada a luz de esas demandas, pues no realizaría su
función iluminadora si sólo se apoyara en postulados naturales o sociales.
La moral de la Iglesia,
más allá de los avatares históricos (guerras, pena de muerte, propiedad) o de
las sensibilidades diversas provocadas por variaciones geográficas (sentido de
la familia, valoración de la mujer, limosna y justicia), tiene el fundamento en
la Revelación
progresiva de Dios, desde la primitiva depositada en el pueblo elegido, hasta
la plena palabra divina traída por Jesús.
2. Enseñanzas de Jesús
Se centra en las virtudes y valores que la misma naturaleza humana reclama:
libertad, dignidad, honradez, sinceridad, justicia, paz, abnegación, valentía,
por una parte. Además añade desinterés, altruismo, caridad, incluso cuando debe
asumir estos valores en grado heroico y en ocasiones extraordinarias.
La moral evangélica se desarrolla en conformidad con los criterios de Jesús y
con las consignas del Evangelio. Jesús añadió ciertos reclamos al comportamiento
humano que no podríamos entender por solas fuerzas naturales: generosidad y
desprecio de las riquezas, perdón a los enemigos, humildad para ocultar las
propias obras buenas, etc.
La Iglesia
sigue esas consignas y perfila su moral en normas precisas que no quedan en
meros recuerdos de las exigencias naturales. Añade, como medio de vivir
conforme al estilo de Jesús, criterios generosos y audaces. Es aleccionador el
mensaje que encontramos en el Evangelio de Mateo: "Habéis oído que se os dijo... Yo os
digo más:
- Se os
dijo: no matarás. Yo os digo más: el que mira mal a su hermano, es condenado...
- Se os
dijo: no adulteres. Yo os digo más: el que mira a mujer mal, ya pecó.
- Se os
dijo: el que repudia, que dé acta... Yo os digo más: el que se casa con la
separada, peca.
- Se
os dijo: no jures... Yo os digo más: decid sólo sí o no.
- Se os dijo: ojo por ojo,
diente por diente. Yo os digo más: si os dan bofetada en una cara, ofreced la
otra...
- Se os dijo: amad al
prójimo y odiad al enemigo. Yo os digo más: amad a los enemigos."
(Mt. 5. 21-48)
Con la luz de estas superaciones, es como encontramos el
sentido verdadero de la moral cristiana, la de la nueva Ley, que es más
exigente y es diferente de la
antigua.
Cristocentrismo
Ante tantos sistemas morales como existen, el cristiano se pregunta si su moral
no es uno más de ellos. ¿Cuál es el rasgo que define la moral cristiana? Esta
es una pregunta clave; de su respuesta depende en gran manera la actitud moral
del creyente.
Es preguntarse si bastan los sentimientos, la razón, la intuición,
la opinión de la mayoría o las demandas del cuerpo, para decidir si algo es
bueno o malo.
La moral cristiana sitúa a Jesucristo como centro de todo juicio moral. Para
clarificar lo que es evangélicamente bueno o malo, es preciso dilucidar tres
cuestiones básicas:
- ¿Cuál es la
verdadera enseñanza de Jesús respecto a la conducta humana?
- ¿Cómo habla Jesús de las
intenciones y de las actitudes humanas?
- ¿Qué postura adopta Jesús ante la ley y ante
la comunidad?
Un torrente de hechos significativos hacen posible hallar
respuestas son decisivas a tales demandas.
- Jesús valora las acciones, no sólo las
palabras: "No el que
dice Señor, Señor, entra en e los
cielos, sino el que cumple la voluntad del Padre". (Mt. 7.
21).
- Jesús resalta la importancia del corazón y de sus designios: "Del interior del corazón es de donde
salen los malos pensamientos: adulterios, hurtos, homicidios..."(Mt.
15.19).
- Jesús inicia una nueva ley, la del amor (Jn. 15.12), y proclama una nueva autoridad
que no es la del templo, sino "la
del Espíritu y la verdad". (Jn. 4.23).
Estos y otros similares planteamientos hace a los cristianos juzgar con frecuencia
los actos y las intenciones por encima de la razón. No se quedan en los hechos,
para no caer en el pragmatismo; y no se limitan a las propias opiniones para no
incurrir en el subjetivismo.
Lo más desconcertante de la moral que Jesús ofrece, según el testimonio de los
evangelistas, es la novedad de sus enseñanzas comprometedoras. Las gentes decían al oírle: "Jamás nadie ha hablado como este
hombre habla... Es un nuevo modo de enseñar. ¿De dónde le viene a este la
doctrina?" (Jn 7. 46; Mc. 1. 27; Lc. 4.31)
Sus mensajes morales pedían
lo más difícil a los seguidores. "Bendecid
a los que os maldicen, perdonad a los que os persiguen..." (Lc
6. 28; Mt. 5.44) "En
eso conocerán que sois mis discípulos" (Jn. 23. 36) "Entrad por la puerta estrecha... Es la
que lleva a la vida" (Mt. 7.13).
Pero, al mismo tiempo, Jesús recordaba: "Mi yugo es suave y mi carga es ligera..."
(Mt. 11. 30); o "Venid
a Mí todos los que estáis cargados y yo os aliviaré." (Mt. 11.
28)
Algunas veces los seguidores de Jesús pueden atemorizarse ante su
doctrina y marcharse de su lado como algunos de sus primeros discípulos: "Dura es esta doctrina ¿Quién podrá
tragarla?" (Jn. 6. 61).
Pero no faltarán los verdaderos "cristianos" que reconocerán
con S. Pedro su postura ante el interrogante desafiante: "¿También vosotros queréis dejarme?..
¿A quién iremos, Señor? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna."
(Jn. 6. 67-68)
Por dura que parezca la orientación moral de Jesús, es el camino
de la salvación. Es la invitación que se esconde en sus reclamos de
conversión:
- "Convertíos y creed en el mensaje de la salvación".
(Mc. 1. 15)
- "Dad al
César lo que del César y a Dios lo que es de Dios". (Mc. 12. 17)
- "Vended
vuestros bienes y repartid el producto a los pobres". (Lc. 12.33)
- "Amad a vuestro enemigos y orad por los que os maldicen". (Mt. 5.
41)
- "No juzguéis a nadie, para que Dios no os juzgue a vosotros". (Mt.
7. 1)
- "Portaos
con los demás como queréis que se porten con vosotros". (Mt.7. 12)
- "No temas a los que
pueden matar el cuerpo y no el alma". (Mt. 10. 26)
Es “Moral del amor”
El alma de la moral cristiana es el amor, no la ley. Los grandes principios cristianos
se definen por la disposición a amar a Dios y al prójimo, lo que equivale a
mirar al cielo y a la tierra.
La escena evangélica del maestro de la ley que pidió aclarar cuál
era el primer mandamiento de la
Ley, refleja con nitidez el sentido de la moral de Jesús:
“¿Qué
lees en la Ley?...
"Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con
toda tu mente..." Y yo te digo: "El segundo es semejante a éste:
"Amarás a tu prójimo como a ti mismo". De estos dos
mandamientos depende toda la Ley
y los Profetas. (Lc. 10. 25-29; Mt. 35-39). Bien entendido,
este doble precepto de la ley es el eje de la moral de Jesús y es la luz que
alumbra al cristiano. Esa actitud de amor a Dios lleva a cumplir sus preceptos
del Sinaí. Y ese amor al prójimo lleva a cumplir el "único mandamiento"
de la Nueva Ley:
“Un sólo mandamiento os doy:
que os améis los unos a los otros”.
Tal actitud se prolonga en la enseñanza de la Iglesia por todo el mundo
a lo largo de los siglos. Es lo que separa el cristianismo del judaísmo o de
otras religiones.
3.
Objetos de la Moral
El objeto formal y básico de la moral es la vida entera a la luz de lo que Dios
reveló progresiva a lo largo de la
Historia de la salvación. El hombre libre, ser inteligente
que responde desde la fe a de Dios, es el sujeto de esa moral y promueve su
propio modo de entender la vida y la conducta en la tierra.
Ese objeto encarnado en ese sujeto se expresa y hace presente en
diversos aspectos: los actos libres e inteligentes, las intenciones que los
rigen, la responsabilidad de la conciencia de quien los ejecuta, las normas o
leyes a las que se ajustan, las circunstancias que alteran esa responsabilidad.
1. La conciencia
El primer centro de atención moral no son las acciones en sí mismas, sino la
conciencia que las rige moralmente: sus vínculos con la voluntad que hace posible
el querer con libertad y sus luces en la inteligencia para discernir lo bueno
de lo malo.
La primera exigencia fundamental de la moral cristiana es escuchar
la conciencia, como capacidad de opción y discernimiento y en cuanto actúa
ilustrada por las consignas de Jesús. Nada hay más importante para el
hombre recto que su conciencia libre. Ella es el reflejo de Dios en su mundo
interior y en su acción exterior. Dios creó al hombre a su imagen y
semejanza: libre, inteligente, capaz de elegir: "Y dijo Dios: hagamos al hombre a
nuestra imagen y semejanza... Y los hizo varón y mujer." (Gn.
1. 26-28)
Esta semejanza con Dios significa que es capaz de pensar y de
amar, que es libre y también creador, pues hace cosas en la tierra que Dios le
encargó de cultivar y cuidar. Si le hizo capaz de amar y pensar, de ser libre y
de actuar, le hizo responsable ante El y ante los hombres. El poder de elegir
entre el bien y el mal es el eje de esa liberad de elección.
El Catecismo de la Iglesia Católica
dice: "La conciencia es
el juicio de la razón por el que la persona humana reconoce la calidad moral de
un acto concreto que piensa hacer, está haciendo o ha hecho. En todo lo que
dice y hace el hombre está obligado a seguir fielmente lo que su conciencia le
dice que es justo y recto". (Nº 1778)
2. Los actos humanos.
Son los realizados con libertad y con responsabilidad. Los actos propios y los
ajenos se valoran según el criterio moral que predomina en la mente del agente.
En la moral cristiana existe, además de la razón, el elemento de referencia del
Evangelio. No basta el análisis de las acciones externas, sino que se exploran
las intenciones y las actitudes.
Las intenciones hacen los actos más o menos personales. Las
actitudes, libremente consentidas o promovidas, hacen a los actos más
interiores.
Ningún sistema moral da tanta importancia a esa efectiva vida interior como lo
hace la moral cristiana, pues ninguno tiene tanta referencia a la persona, a su
intimidad, a la libertad, a la voluntad, al poder de su inteligencia operativa.
Los actos humanos y cuantos aspectos, impulsos, rasgos y condiciones los
rodean, se configuran como el otro elemento central sobre el que versa la moralidad
cristiana.
3. Normas y leyes.
Son las consignas grabadas en nuestra misma naturaleza y las que comunica
quien ejerce la autoridad. Los sistemas morales se enfrentan con la realidad de
la ley y de la norma.
En moral se requiere clarificar la relación entre norma y acto,
entre ley y comportamiento, pero en referencia a la conciencia. Si esa
referencia se anula o atrofia, los actos se quedan en el terreno del Derecho y
de la
Jurisprudencia. En cuanto dependen de la voluntad libre
entran de lleno en la Moral.
Si la ley es justa, y lo es cuando proviene de Dios a través de la
autoridad, la Moral
reclama la acomodación de las acciones a sus demandas. Son morales las obras
que se ajustan a ella. Fallan en la moralidad las que se apartan.
Si la
ley no es justa, no es más que un remedo de ley. No puede convertirse en
referencia de la moral. Incluso es inmoral ajustar el comportamiento a ella, si
es abusiva, opresiva, deformada o desorientadora.
La ley se convierte en elemento de referencia y objeto de la moral
cristiana, en cuanto resulta eco de la
Ley suprema, que es el mismo Dios, y de lo que directamente
emana de su Revelación.
4.
Rasgos de la moral cristiana
Con esta perspectiva se pueden definir los rasgos de la "moral
cristiana", nacida de la voluntad divina expresada en el Evangelio.
- Es moral heterónoma, que se muestra como eco del mensaje de
Cristo y mueve a los hombres a vivir con gozo la voluntad de Dios. Con la fe
en esta cercanía divina, el cristiano posee una moral que es fuente de vida
espiritual.
- Es
una moral personal, al mismo tiempo que objetiva. Trata de iluminar la conciencia
de cada uno, teniendo en cuenta su dignidad, no su actividad.
- Y
es social, pues lo que hacen los demás influye en el comportamiento propio; y
lo que uno hace transciende a los demás de alguna manera.
- Es una moral abierta, en la que queda claro que el mensaje
de Jesús es orientador y no manipulador de los comportamientos. Es moral de
libertad y no de coacción.
- Es moral de opciones y las debilidades de cada persona se
valoran en función de la conciencia y no de la norma en sí misma o de los
efectos de las acciones. Por eso se aprecian las circunstancias, se miran las
intenciones, se aceptan las rectificaciones, se ofrece siempre el perdón, si
surge el arrepentimiento y el propósito de la mejora o del cambio de vida.
- Es una moral con resonancias eclesiales y convivenciales, pues
los cristianos forman una Comunidad de vida, en la que todos los miembros
participan de la misma gracia de Dios. Cada obra buena o mala repercute en los
demás. No se valoran los hechos morales sólo por el beneficio o perjuicio
individual; se tiene en cuenta también la dimensión eclesial, que en el
Evangelio es básica.
- Es una moral objetiva, que no depende de los gustos cambiantes de los hombres
o de los usos y modas. Existen los aspectos solidarios, los méritos y los
deméritos compartidos, pero rige la responsabilidad personal e intransferible
como condición de la convivencia.
- Es una moral dinámica, viva, flexible, no relativista y
subjetiva, pero capaz de acomodarse a las personas y las circunstancias. Se
adapta, en lo secundario, a los cambios culturales, aunque en lo fundamental
sigue idéntica a lo que Jesús enseñó.
Quien tiene la dicha de formarse y orientar su vida en esa moral,
sabe que camina seguramente hacia Dios y hacia su salvación. Quien se descarría
y constituye como ideal de su vida el goce y el placer, el dominio y la
arrogancia, el tener, el poder y el brillar ante el mundo, no puede entender la
supremacía de la moral cristiana.
Todos estos rasgos no están en contradicción con la exigencia, la
sinceridad, la transparencia y la fidelidad. Jesús mismo lo recordaba: "Entrad por la puerta estrecha,
que la puerta que conduce a la perdición es ancha y el camino fácil y son
muchos los que pasan por ellos. Sin embargo, la puerta por donde se va a la
vida eterna es estrecha y el camino difícil, y son pocos los que lo encuentran".
(Mt. 7. 13-14)
5. Fuentes de
la moral cristiana
Las fuentes de inspiración de la moral cristiana son los manantiales o los fundamentos
que hay que preferir para juzgar el bien y el mal desde lo esencial.
La Ley
de Dios, la Ley
de Jesús, y la Ley
de la Iglesia,
son la misma Ley o voluntad divina. Dios habló desde el principio señalando un
camino (Antigua Alianza). En la plenitud de los tiempos envío a su Hijo y
culminó con El la Nueva
alianza. Y también sus seguidores siguieron proclamando esa Alianza y dando
cauces a los seguidores de Jesús para vivir conforme a ella. Es lo que solemos
llamar Ley de la Iglesia.
En el fondo son la misma y única Ley, pues son la expresión
del plan salvador de Dios.
Además de esa Ley como fundamento, y en conformidad con ella,
hemos de aludir a los otros fundamentos de toda la vida moral:
- La Autoridad
de la Iglesia
o Jerarquía, que ejerce el Magisterio por medio de los Sucesores de los
Apóstoles. Ella tiene la misión de interpretar autorizadamente la enseñanza de
Jesús y ella es la que "ata
y desata en la tierra, quedando todo atado o desatado en el cielo."
(Mt. 16.19)
- En la Tradición
de la Iglesia,
la cual ha ido acumulando el sentir de todos los hombres creyentes que han
vivido su fe en la Comunidad
cristiana, se halla el refrendo de la Autoridad.
Esa Tradición no representa sólo un respeto arqueológico y un
recuerdo a los valores de la
Historia, sino que es el testimonio de una presencia divina a
lo largo de los tiempos. Esa presencia implicó siempre una protección, una
iluminación y una garantía de continuidad y de seguridad.
Pudieron equivocarse muchos miembros de la Iglesia, incluso desde la
plataforma de la autoridad. Pero la
Iglesia nunca erró como tal, pues tuvo la protección divina,
tal como él mismo Fundador se lo había prometido.
- También se puede decir algo similar la Comunidad de los que
siguen a Jesús y comunitariamente se ayudan a distinguir el bien del mal. Ellos
caminan con sinceridad hacia Dios como Pueblo elegido y como Cuerpo de Cristo y
reciben la protección del mismo Jesús.
- No se deben olvidar también otros apoyos significativos de la
claridad en los planteamientos morales. La acción de los Teólogos, sobre todo
de los moralistas, en cuanto miembros significativos de la Comunidad y del
Pueblo de Dios resulta especialmente significativa. El servicio de su
sensibilidad ética y de su inteligencia es importantísimo.
La tarea de la conciencia de las personas cristianas más entregadas
a las tareas del Reino divino (santos, confesores, mártires, misioneros,
contemplativos) adquiere un valor singular a la hora de discernir el bien y el
mal.
Y no menos importancia tiene también para cada caso moral y en
cada situación ética, la conciencia del hombre honrado que busca sinceramente
el bien y
tiene
que optar en situaciones difíciles, o debe apoyar a personalidades menos
ilustradas que la suya.
6.
Catequesis y Moral.
La educación moral es imprescindible para el cristiano. Hay que enseñar a todo
creyente a acercarse al verdadero mensaje de Jesús, que es tan vital como doctrinal,
con claridad, sinceridad y seguridad. Eso es lo que significa la educación
moral.
El Evangelio no es una doctrina moral o social
más entre las diversas opciones religiosas que se han presentado en la historia
de la humanidad. Es ante todo, y sobre todo, la adhesión a una Persona, que es
la segunda de la Trinidad
y es el Verbo Eterno del Padre celeste.
En la catequesis hay que resaltar la dimensión moral de la vida cristiana, que
no es otra cosa que capacidad de diferenciar los bueno de los malo, lo inconveniente
de lo preferible. Sin la formación moral sólida y evangélica no hay educación y
formación en la fe.
Esto supone cinco grandes consignas pedagógicas.
- La formación moral sólo es posible desde la adhesión a la Palabra divina. Hay que
enseñar al creyente a aceptar el mensaje moral de Jesús y a ordenar su conducta
desde las demandas y consignas del Evangelio.
- Las explicaciones de Jesús para llevar una la vida personal y
comunitaria en seguimiento del Padre son exigentes, pero santificadoras y
asequibles. "Sed
perfectos, como vuestro Padre celestial lo es." (Mt. 5. 48).
Sólo quien educa la moral desde el Evangelio construye un edificio sólido y
firme que permanecerá para siempre.
- No hay antagonismo entre la moral evangélica y la moral natural.
El Evangelio no destruye la naturaleza, sino que la eleva de categoría. El
principio de que Jesús vino a "exigir más", no a proclamar nada
diferente, debe ser clave en la moral evangélica.
- La moral cristiana es personalista sin ser subjetiva. Es
altruista sin ser extrovertida. Es abierta sin ser relativa. Hay que destacar
el valor que tienen las actitudes personales con prioridad. Pero no se
debe olvidar la dimensión comunitaria, que es la que perfecciona la personal.
Por eso hay que enseñar con la misma intensidad a huir del individualismo y del
intimismo así como del sociologismo y del colectivismo.
- La educación moral se debe iniciar en los primeros años, en base
a la correcta iluminación de la conciencia. La idea de que es preferible
demorar la educación a los años en que la inteligencia se despierta en la
adolescencia o en la juventud es nefasta, pues suscita el riesgo de abandonar
la primera siembra en la virtud, en la justicia, en la honradez y en la recta
libertad interior. Después será tarde para recuperar el tiempo perdido.
Conviene recordar siempre las palabras sabias del Concilio Vaticano
II: "Hay
que ayudar a los niños y adolescentes, teniendo el cuenta el progreso de la psicología,
de la pedagogía y de la didáctica, a desarrollar armónicamente sus condiciones
físicas, morales e intelectuales, a fin de que adquieran gradualmente un
sentido más perfecto de la responsabilidad en el recto y continuo desarrollo de
la propia vida y en la consecución de la verdadera libertad, superando los obstáculos
con grandeza y constancia de alma. Hay
que iniciarlos conforme avanzan en edad en una positiva y prudente educación
sexual...
Los niños y adolescentes tienen
derecho a que se les estimule a apreciar con recta conciencia los valores
morales y a prestarles una adhesión personal."
(Graviss. Educ. mom. 1)
Temas
e ideas para reflexionar
El Evangelio es un mensaje, no un código. Mucha gente identifica moral y
religión. Y entiende los mandamientos como conjunto de normas que limitan hacer
cosas. El catequista debe esforzarse por descubrir todo el valor positivo de la
moral cristiana: amar, vivir, servir, ayudar, perdonar, orar, adorar, construir el Reino de Dios en el mundo
VOCABULARIO FUNDAMENTAL
Por
eso el catequista tiene que acostumbrarse usar términos positivos al hacer
planteamientos morales: amar, ayudar, asistir, apoyar, acompañar, colaborar, compartir, ser fecundos en la
vida, santificarse, consolar, obedecer, respetar, santificar, testificar, decir la verdad,
ofrecer, ofrendar, celebrar, bendecir, vivir y soñar…
PISTAS PARA EL DIALOGO DE GRUPO
Intentar descubrir el sentido positivo de la verdadera moral evangélica,
sin demagogias, con el Evangelio en la mano
CUESTIONES
PARA PLANTEARNOS
¿No resulta demasiado negativa la
visión moral que dan a veces determinados predicadores que anuncian los deberes
del cristiano: no matar, no mentir, no fornicar, no pensar, no robar, no desear…
no, no, no?
¿Cómo
podría un buen catequista presentar la verdadera moral a los jóvenes?
¿Cambiando el mensaje, cambiando el lenguaje, cambiando el personaje o cambiando
el montaje?
¿Es posible descubrir el sentido optimista,
entusiasta, constructivo de la moral cristiana? ¿Cómo será fácil a cada edad,
sobre todo en la juventud?